
Me había tropezado en una roca al salir del agua y la palma de mi mano derecha sangraba, lenta pero constante. El camino de regreso era largo y me esperaban para comer. Así que apuré el paso. Hasta que ví esa puerta. Con ese balcón, y esa ropa tendida. Hacía sol, y la ropa estaba seca. "Enseguida saldrá alguien a recogerla", pensé. Y me quedé esperando.

Detrás, el mar