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La cebra

La cebra Mis abuelos tuvieron durante muchos años una cebra de porcelana debajo de la tele. Y durante todos esos años, fui incapaz de ver la tele con tranquilidad, porque estaba convencido de que la cebra me miraba fijamente. Cuando encontré en un puente de Montevideo esta tele que nos miraba, las piezas encajaron. Era la tele, no la cebra, la que me observaba. La que nos observa. A tí y a mí.





Nos miran

G. S.

G. S. Nadie me cree cuando lo cuento, pero yo conocí a Gregorio Samsa. O casi. Fue en Santiago de Chile, en la sala de embarque del aeropuerto, esperando a un avión que no llegaba. La gente leía el periódico, compraba o vendía o compraba y vendía en los dutyfrees, y hacía como que entendía el panel de instrucciones para casos de emergencia. Entonces lo dijeron. Por megafonía: "Atención, último aviso para Gregorio Samsa, pasajero del vuelo 365 con destino a Praga. Por favor, preséntese urgentemente en la puerta de embarque. Gregorio Samsa, preséntese urgentemente en la puerta de embarque". Gregorio Samsa no apareció, pero yo esperé largo rato, deseando ver una cucharacha gigante, con su equipaje de mano, corriendo por los largos pasillos de un aeropuerto que no recuerdo.





En caso de emergencia

Apriete

Apriete Me acuerdo cuando pusieron en mi ciudad esos botones en los semáforos que había que pulsar para poder cruzar la calle. En mi ingenuidad, los pulsaba de manera compulsiva, confiando en sembrar el caos circulatorio con un pequeño movimiento de dedo. Años más tarde me dí cuenta de que ningún ayuntamiento dejaría que sus ciudadanos participasen tan fácilmente en la organización del tráfico. Al fin y al cabo, si hay ingenieros, con cinco años de carrera, que trabajan programando los semáforos para que los coches no se estampen entre ellos, ¿cómo van a dejar que idiotas como tú y yo decidamos cuándo queremos cruzar?

Eso sí, yo sigo apretando de manera compulsiva, por si acaso.





Contestador

Cartas

Cartas 1. Mi madre quiere vender la colección de sellos de mi padre, porque ocupa sitio. De pequeño solía mirar extrañado ese libro azul, pasaba las páginas, y no entendía que sentido tenían los sellos sin sus cartas debajo.

2. Una vez B y yo quisimos comprar la colección de postales de una señora, que encontramos en una caja de un rastro poco concurrido. El gitano, viendo el interés, disparó el precio, pero me llevé de recuerdo una que perdí al poco tiempo, pero que estaba escrita el día que nos conocimos.

3. Viendo la imagen, supongo que también las personas de los sellos tienen su talón de Aquiles.





En pie

Los Coen en Montevideo

Los Coen en Montevideo - Tómese la imagen de un sombrero desplazado por el viento, de Muerte entre las flores, de los hermanos Coen.

- Cámbiese el bosque por una calle oscura de domingo, mal iluminada, vacía y con frío.

- Y cámbiese el sombrero por la radiografía de unos pulmones, pertenecientes a un tal Juan García, sanos o no.

- Añada música al gusto y tendrá la imagen más perturbadora que se recuerda en este blog.

- Y ya.





Entre flores

Camino a casa

Camino a casa Hoy voy a ver una película de Wong Kar Wai de la que olvido el nombre, pero que me trae recuerdos antiguos de un festival con frío, vinos y B. Y pienso que quisiera tener aquí esos fríos, eso vinos, y el hombro de B para poder apoyar mi cabeza, en un taxi, camino a casa.





Yo no soy Maggie Chung

Regen

Regen 3. Un amigo está pensando en trasladarse a vivir a China. Y mientras él decide, yo dedico un domingo lluvioso a traducir Domingo en Pekín, de Chris Marker.

2. No hay nada más bello que París. Excepto el recuerdo de París. No hay nada más bello que Montevideo. Excepto el recuerdo de Montevideo. En Montevideo, recuerdo París y cuento mis tesoros.

1. En el zoo de Pekín hay un oso llamado Joris Ivens.

0. Siempre quise ver, y no lo conseguí, Rain, del director con nombre de oso. En la foto.





La pluie

En fila

En fila Atascos.. Por más que me lo explican, no logro entender cómo se produce un atasco. De la misma manera, nunca aprendí a contar en inglés más allá del trece. Cuando nos mandaron contar cuántos pasos había del colegio a casa, conté de trece en trece, multipliqué y le pedí a un compañero que me tradujese ese número desorbitado al inglés. Leyendo a B. recuerdo otras lecturas y otros atascos..





En el sur

Un hombrecillo

Un hombrecillo Sería capaz de repetirlo entero de memoria, hoy, tantos años después, y sin saber dónde está el que fue mi libro preferido durante años: "Un hombrecillo un verano, encontró una esponja a mano. Cuando nadie le miraba, la estrujó a ver qué pasaba...". Me encanta ese traje verde.





Indomable

The end

The end "¿Vas a hablar hoy con nosotros?" y él contestó: "Sí, eso creo"

Funde a negro. Entra música.





Suena un piano

Gemelos

Gemelos Nunca he sabido qué diferencia hay entre gemelos y mellizos. Pero no importa. Recuerdo, en cambio, una de las últimas veces que fuí a una peluqueria. Era en un centro comercial. Entré, y le dije al peluquero: "Como lo tengo ahora, pero más corto". Una orden sencilla y no muy difícil de llevar a cabo. "Pareces su gemelo", dijo mi madre cuando salí.





2x1

Por listo

Por listo Me acuerdo de un compañero de clase al que le gustaba estar siempre a la última. Así que en cuanto salió al mercado, se compró corriendo el primer laser disc. Aquellos discos enormes, híbridos entre el vinilo y el cd. Él pensaba que con el tiempo le recordaríamos como hacen los abuelos: "Tuvo el primer coche del pueblo, cuando nadie tenía". "Tuvo el primer laser disc del pueblo, cuando nadie tenía". La malo es que fue el primero y el último. ¿A quién se le ocurre?





Japonesa feliz

Chao

Chao La noche que terminamos el último examen del colegio decidimos hacer algo para despedirnos a lo grande del sitio en el que habíamos pasado toda nuestra vida consciente hasta entonces. En la puerta del colegio había una escultura, enorme, fea, supuestamente moderna, conocida como El Chupete, encargo de un antiguo director a un amigo escultor. Quizás como una premonición del futuro laboral que nos esperaba, decidimos, con nocturnidad y alevosía, forrarla por entero con papel de periódico. Y lo hicimos. Fue uno de los mejores momentos del colegio. Un clímax perfecto. La explosión final de las películas americanas. Duró poco, pero todavía recuerdo el bote de la profesora de filosofía cuando entraba, somnolienta todavía, por la puerta principal, que no aparece en la foto.





Copy-paste

Entrevista de trabajo

Entrevista de trabajo La mejor entrevista de trabajo que conozco se la hicieron a un amigo mío, llamémosle J, que quería entrar en la revista en la que yo trabajaba. El director, llamémosle P, era un tipo fantástico, tenía pelo blanco, ilustraba los artículos con cuadros que no tenían relación con el tema y escribió una columna sobre Brad Pitt que todavía recuerdo.

J: Quiero trabajar en la revista
P: Ahá.
J. Vengo de parte de G (y dijo mi nombre)
P: Vaya, es el quinto que me manda hoy
J: ...
P: ¿Y qué sabes hacer?
J: ...
P: ¿Sabes usar Word?
J: No
P: ¿Freehand?
J: No
P: ¿Photoshop?
J: No
P: ¿Quark Xpress?
J: No
P: Por lo menos sabrás inglés
J: No
P: Francés
J: No
P: Alemán
J: No
P: ¿Tienes algún interés en especial?
J: No
P: Entonces estás contratado

P es crítico, literario y escritor enredado. No fuma en pipa y tiene un blog. No diré que es obligatorio porque se sobreentiende.





Letras enredadas

CMYK

CMYK Me acuerdo del color de las taquillas verdes del colegio nuevo, que no se parece en nada al de la imagen.





Pantone

Hiroshima

Hiroshima Ví todo en aquel cine de París.

Verano del 96. Una sala minúscula. Una amiga venezolana con la que hablar en francés. Un japonés. Una francesa. Una bomba que resuena entre las sábanas de un amor raro.

No ví nada en aquel cine de París.





Mon amour

La última copa

La última copa El primer bar al que mis amigos y yo íbamos a beber era una cafetería de señoras que al caer la noche se reconvertía en suministrador de alcohol para adolescentes con problemas de adaptación. O no. No tenía terraza, como el de la foto, y servía a módicos precios unos combinados infectos con más hielo que alcohol barato. Nos encantaban. Ahora olvido su nombre, pero recuerdo el lugar con más tristeza que alegría, y me gustaría poder decir, por ejemplo, que al lado del bar, oscuro, clandestino, había una funeraria. Pero no es verdad. En Aveiro (otra vez) encontré esta terraza acogedora en la que quisimos sentarnos, iluminada por la ténue luz del cartel anunciador de una tienda de ataúdes que la exposición prolongada ha quemado hasta dejarla irreconocible, casi divina, casi surreal.





Agitada pero no mezclada

El Resplandor

El Resplandor (datos aparentemente inconexos que explican por qué esta foto me produce ansiedad)

Una larga carretera portuguesa cubierta de niebla.
Vacía.
Y la sed.
Y un hotel en medio de la nada, al borde de la ría.
Un coche se detiene.
B. y G. bajan del auto. Mientras se dirigen a la puerta, un perro callejero entra en el hotel.
Segundos más tarde, el perro sale corriendo, con el rabo entre las piernas.
La pareja le mira en silencio.
La puerta entreabierta.
El hall vacío.
El pasillo vacío.
Los despachos vacíos.
El comedor vacío.
La piscina, silenciosa y vacía.
Alguna puerta que bate con un viento que no hay.
Un ¿hola? tímido.
Y B. y G. que abandonan despacio un hotel que quieren abandonar corriendo.

La foto, media hora más tarde, está tomada en el bar del pueblo más cercano, mientras B. y G. deciden si llamar a la policía o dejar que la niebla cubra su memoria atemorizada.





Un crimen en la memoria